<<Estamos en Mêlée Island, de Monkey Island, porque está lleno de gente rara y todos nos piden hacer estupideces.>> Mr Martin Dominguez

¡Hola! Soy Alejandro Vilela y éste es mi espacio web. En él publicaré noticias interesantes, subiré fotos y hablaré un poco de mí mismo. Espero que disfrutéis de vuestra visita. ¡Un saludo!

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Publicado el 2011-01-12. WTF.
En primer lugar, ¡Feliz Año Nuevo a todos! Esta primera entrada del 2011 tratará de un evento que ya hemos convertido en tradición: la fiesta de amigo invisible. En esta última entrega, celebrada el pasado 7 de enero, quisimos dar un paso más y optamos por convertirla además en una fiesta de disfraces. El resultado lo podéis ver en la siguiente imagen:
La tribu al completo
Os habéis dado cuenta de que todos sin excepción fuimos disfrazados: Pablo de Bravempanadilla Heart; Laura de demonio; Sandra de corsaria; Indio de pollo; David de psycho-preso; Eva de bailarina de cabaret; Sons de chica-rana; Cris de Anne Igartiburu; Boyi de ángel; Moro de Sherlock; María de hembra de pollo; Álex de Mr Chicken e Ilde de Ramón García. Todo un espectáculo. Cada uno puso su granito de arena colaborando en la cena con algún sabroso plato: canapés variados, lomo con aceitunas y pasas, lolaempanadillas, fajitas de pollo, tartas, brownies, roscón de reyes… y un largo etcétera de manjares, todos bañados con los mejores vinos.
Srta. Rana, Mr. Chicken, Sandra Sparrow y Bravempanadilla
Fue una fiesta muy divertida, con maratonianas sesiones de karaoke hasta altas horas de la noche, pseudo campanadas de chupitos y una divertida entrega de regalos de amigo invisible donde echamos en falta al pobre Alberto que por encontrarse pachucho no pudo venir a la fiesta.
Dándolo todo en el karaoke
Con el éxito de esta segunda entrega de la fiesta de amigo invisible el listón queda muy alto de cara a la próxima edición, pero estoy seguro de que llegado el momento lo pasaremos igual o mejor. ¡Esto es empezar el año con buen pie!
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Publicado el 2010-11-24. WTF.
El pasado fin de semana del 13 de noviembre Sonsoles y yo fuimos en un viaje relámpago a Londres, con el fin de acudir al concierto de Paramore para el que me regaló entradas el día de mi cumpleaños. Aprovechando el viaje, nos armamos con un mapa y un paraguas para realizar una visita exprés por las partes principales de la ciudad.
Welcome to London, buddy
La salida de nuestro vuelo de Madrid fue a las 7:30 de la mañana, con el consecuente madrugón para llegar con tiempo al aeropuerto. A las 9, hora local, llegamos a Londres y nuestra aventura daba comienzo. Cambiamos el chip del idioma y ya empezamos a relacionarnos para conseguir un plano del metro y obtener nuestros pases de un día de transporte público. El hotel, ubicado junto a la estación de Bank, era muy confortable y el check-in estaba súper automatizado y, gracias a la reserva que realizamos en Booking, no nos llevó más de 5 minutos. Así pues, dejamos las maletas en el hotel y nos embarcamos de excursión a la ciudad. Zapatillas cómodas, un buen mapa y cámara de fotos: esas serían nuestras armas. ¿El objetivo? visitar el mayor número de sitios emblemáticos de la ciudad y aprovechar para hacer compritas por la zona comercial. Todo ello en un plazo de menos de dos días.
Picadilly Circus guiris

Por la mañana, caminamos paralelamente al emblemático río Támesis rumbo al centro de la ciudad. La mañana transcurrió muy deprisa: tomamos un buen desayuno; pasamos por delante de la Catedral de San Paul; nos ofrecieron café en la calle; encontramos masas de gente celebrando la fiesta de la alcaldía; tomamos más café; continuamos andando y finalmente llegamos a la parte más conocida del centro de la ciudad: Trafalgar Square, con sus famosos leones presididos por la Galería Nacional de Arte. Nuestra caminata posteriormente nos llevó a la archiconocida plaza de Picadilly Circus y alrededores. Llegados a este lugar empezamos a sentir una sensación extraña, como un cosquilleo en nuestro interior y en nuestros bolsillos que nos incitaba a seguir caminando un poco más. Así hicimos y descubrimos Regent Street, una de las calles más comerciales que yo haya visto en vida. Increíbles tiendas con miles de productos esperando a ser consumidos por las masas londinenses y extranjeras. Podría destacar tiendas como Hamleys, una juguetería de 5 plantas que me impacto por la cantidad de juguetes que demostraban los de años de ventaja que nos sacan. Pero realmente lo que más me marcó fue Topshop: una tienda de ropa femenina donde miles de mujeres pululaban exaltadas en un frenesí de compras donde el caos era lo único que imperaba. En el siguiente video, grabado con mi iPhone (siento la calidad), se puede ver a Sonsoles recorriendo el interior de la tienda:

Tanto paseo y tiendas nos abrieron el apetito y buscando un lugar para comer cercano al parque Hyde nos decantamos por un sitio de nacionalidad desconocida que a priori tenía buen aspecto. Una vez dentro nos deleitamos con unas spicy potatoes, que traducido al castellano significa “patatas que pican como el mismísimo infierno”. También probamos unas lentejas con cebolla y arroz cuya principal característica era la absoluta falta de sabor. Con la tripa llena y un buen ardor encima decidimos visitar el centro comercial más emblemático de la ciudad: Harrods. Tras un buen paseo y varias indicaciones erróneas de los bienintencionados ciudadanos londinenses encontramos Harrod’s y, sinceramente, es espectacular:

Finalizada nuestra visita a Harrod’s tuvimos que salir corriendo, literalmente pues el metro estaba sufriendo un colapso general, al hotel para dejar todas las bolsas y tomar rumbo al estadio O2, donde se iba a celebrar el concierto. Casualidades de la vida, ese mismo sábado la estación de metro del estadio estaba averiada y no se podía acceder por esta vía así que tuvimos que echar mano de nuestra imaginación y tomar un medio de transporte alternativo. Tras valorar las posibles alternativas optamos por tomar el ferry que cruza el Támesis hasta el mismo estadio. Por suerte llegamos a tiempo al estadio para poder comprar unas camisetas como buenos grupies y tomar asiento antes de que empezara el espectáculo. Del concierto poco puedo resumir en palabras pero fue una experiencia inolvidable donde Paramore cantó sus mejores temas en una hora y media que pasó como si de un suspiro se tratara ¡Épico!

Paramore, increíbles en escena

Terminado el concierto volvimos a tomar el ferry de vuelta, para lo cual tuvimos que esperar más de una hora a la intemperie en la fría noche londinense. Al llegar al hotel caímos derrotados en la cama tras un día agotador. Al día siguiente nuestra visita se centró en los monumentos emblemáticos que tuvimos tiempo de ver: el Big Ben en el Parlamento de Londres, Abadía de Westminster y el puente de Lambeth, donde cruzamos al otro lado del río para tomar uno de los clásicos autobuses rojos de dos plantas que nos lleó de nuevo al centro de la metrópoli. Este experimento nos sirvió para darnos cuenta del caos circulatorio que viven las calles de la ciudad donde la gente quiere tirarse en marcha de los trenes y los autobuses al ver los tiempos que toman en recorrer distancias que yendo andando se emplearía la mitad.

Frente al Big Ben pasados por agua

Realizadas unas últimas compras dimos un apresurado paseo hasta el hotel para recoger las maletas y marchar rumbo al aeropuerto, donde dimos ya por finalizada nuestra aventura londinense. Hemos empezado a llenar una huchita con moneditas para ver cuándo hacemos el próximo viaje a esta ciudad que tantas cosas tiene que ofrecer y que nos ha dejado en tan poco tiempo con la miel en los labios. Londres, ¡volveremos!
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Publicado el 2010-09-06. Varios.

Siento la tardanza en publicar artículos, pero últimamente dispongo de muy poco tiempo para sentarme y escribir a gusto. Lo que voy a publicar hoy trata de nuestro viaje veraniego a Cangas de Morrazo, pequeño pueblo de Pontevedra donde pasamos una semana de vacaciones.

El viaje comenzó el día 14 de agosto cuando partimos dirección a Galicia. Sin embargo, hicimos parada en uno de los pueblos más emblemáticos relacionado con nuestro grupo de amigos: Pinilla de Toro, ¡el pueblo del Indio! Pinilla es un pequeño pueblo de Zamora donde la familia del Indio tiene una super casa y donde nos acogieron con toda la hospitalidad del mundo. Tuvimos la suerte de coincidir con las fiestas del pueblo donde aconteció uno de los sucesos que marcará mi vida para siempre: corrí mi primer y último encierro. La locura de lanzarme a correr un encierro viene a raíz de que el Indio nos contó que sería un encierro tranquilo donde correrían únicamente vaquillas… Bueno, yo no sé nada de tauromaquia pero lo que nos perseguía con ojos asesinos a velocidad desenfrenada calle abajo en mi memoria siempre quedará grabado como TORO (así, en mayúsculas).

Bicharraco de 800 kg lo menos

Tras el encierro, que acabó sin incidentes para ninguno de los del grupo, salvo amagos de infarto y un par de soplos, comenzaban las fiestas nocturnas en el pueblo, donde pudimos ir de peña en peña disfrutando del calor de la gente de allí, en contraste con el frío que hacía.

Pasada nuestra primera noche del viaje en Pinilla, nos dirigimos hacia el destino principal de nuestro trip: Cangas. Se trata de un pueblo que se encuentra enfrente de Vigo pero ubicado al otro lado de la ría. No es muy grande pero tiene todo lo necesario para estar a gusto. Este ha sido uno de nuestros viajes más aventureros, pues hemos visitado un montón de sitios. Una de nuestras excursiones nos llevó hasta el pueblo Portugués de Valença do Minho, donde comimos en uno de los sitios más célebres de todo Portugal, a juzgar por lo lleno que estaba, llamado Ze María. Allí pude hacer gala de mis avanzados conocimientos de la lengua portuguesa. Valença tenía un centro histórico muy pintoresco donde una gran variedad de toallas y albornoces desbordaban tu imaginación.

En una de las calles de Valença
El mismo día tras salir de Portugal nos dirigimos a Baiona, donde se encuentra uno de los paradores más bonitos del mundo mundial. Tras pagar la reglamentaria tarifa de un euro por cabeza, pudimos dar una vuelta por sus instalaciones cuando el sol se ponía en el horizonte. La visita desde luego mereció la pena y todos quedamos con ganas de poder volver para pasar una noche en alguna de sus habitaciones.
En los muros del parador de Baiona
Otra de las visitas más espectaculares que realizamos en este viaje fue la de las Islas Cíes. Este archipiélago está formado por 3 islas en las que apenas vive nadie. Sin embargo, esto no quita que manadas de turistas, entre los que no nos incluimos, lleguen todos los días a visitarlas. La excursión mereció la pena y pasamos un gran día en un paraje único. He de destacar la terrible temperatura congelada de la playa de Rodas, donde ‘disfrutamos’ de un refrescante baño. También es para recordar la subida al faro de la Isla, desde donde había unas vistas espectaculares. Una pena que Boyi no pudiera acompañarnos en esta excursión debido al zurrutraquer estomacal que le produjo el exceso de percebes engullidos la noche anterior.
El grupo en el faro de las Cíes
Antes de nuestro regreso a Madrid hicimos una pequeña escala en Orense para comer, reponer fuerzas y darnos cuenta del calor Sevillano extremo que hacía en esa peculiar ciudad Gallega.
This is ORENSE!!
Fueron muchas las cosas que vivimos en este viaje para relatarlas en un único artículo como éste, pero no puedo finalizarlo sin recordar la visita al monasterio de Oseira donde David, el primo de Pablo, y su novia nos hicieron una visita turística tan interesante como divertida. Otra gran historia que jamás será olvidada fue cuando tres forasteros que respondían a los nombres de Pablo, Indio y Álex salieron de casa a las 3:30 de la madrugada con ganas de fies… Y lo consiguieron. ¿Quién iba a imaginar que una pequeña población como ésta iba a tener tantos sitios chulos? Nosotros, por supuesto. Algunos nombres representativos de los lugares que alegran la noche Cangaleña: el Electra, el Zeus, el Chiripas, el Boxes, el Clip y un infinito etcétera. Tras esa noche se rodó un video que puede que muchos años adelante se publique en esta página web. Tal vez. Para no dejar a mi público con la miel en los labios, cerraré esta entrada con un fotograma de ese video y mi afirmación de que algún día volveremos a las Rías bajas para disfrutar de esas tierras tan hermosas y donde se come tan bien.
We are the ron – El último éxito del verano
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Publicado el 2010-07-23. Varios.
Tras la visita de Sonsoles a tierras Cabo Verdianas decidí organizar un viaje sorpresa para los dos a Boa Vista. Junto con Sal se tratan de las dos islas más turísticas del archipiélago. Boa Vista se caracteriza por sus largas playas desiertas de fina arena procedente de los desiertos que pueblan prácticamente la totalidad de la misma.

Debido a que no existía un vuelo directo entre San Vicente y Boa Vista, tuvimos que hacer una escala de 5 horas en Sal. Ningún problema. Aprovechamos esta visita relámpago para ir a su principal playa, Santa María, y darnos un bañito para después comer en un restaurante playero cercano.

Sons y yo en la playa de Santa María, Sal
Nos cambiamos de ropa y nos dirigimos al aeropuerto para tomar el último vuelo hasta nuestro destino final. Desde el avión ya se divisaba el hotel en el que nos hospedaríamos: Hotel Riu Karamboa (a.k.a. Carambola). Tras aterrizar y llegar al hotel en un taxi de dudosa legalidad se confirmaron nuestras sospechas: ¡qué pasada de complejo hotelero! Una gran recepción con palmeras y hasta una fuente nos daba la bienvenida al paraíso del ‘todo incluido’. Nos pusieron nuestra pulserita correspondiente y nos fuimos a arreglar para la cena. Como cabía esperar, antes de cenar nos tomamos nuestras primeras piñas coladas que tan bien preparaban en el hotel.
Nuestras primeras piñas coladas
El complejo contaba con tres restaurantes temáticos para los que había que reservar con al menos tres días de antelación. Obviamente, no teníamos tiempo material para haber realizado dicha reserva, pero con un poco de simpatía y picaresca conseguimos cenar en dos de ellos en nuestras dos noches de hotel: en un asiático y en un restaurante típico caboverdiano. He de reconocer que en este viaje he comido como un señor. El desayuno buffet del sábado fue legendario, sin duda, el más copioso de mi vida. Claramente mi estómago pasó factura como viene siendo habitual, aunque realmente mereció la pena.

Prácticamente nuestra estancia quedó reducida a estar en el complejo, pero éste tenía todo tipo de servicios y actividades para que el fin de semana se nos pasara volando. Disfrutamos del sol de la playa el sábado por la mañana con consecuencias nefastas para nuestras pieles (menudas quemaduras…); bailamos canciones ‘actuales’ en la discoteca ‘Pacha’ del hotel; tomamos cervecitas en el bar de la piscina (bar DENTRO de la piscina) y muchas actividades más.

Posando en Karamboa
Sin darnos cuenta nos alcanzó el domingo y la hora de tomar nuestro avión de vuelta a San Vicente. Tuvimos que pasar una aburrida escala de 3 horas en Praia, pero por lo demás el fin de semana salió perfecto y pudimos descansar y disfrutar del auténtico turismo caboverdiano. ¿Quién sabe cuándo será la próxima vez que podamos hacerlo?
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Publicado el 2010-07-09. Varios.
Escribo estas líneas despeinado y con el pelo revuelto tras un brusco despertar. Si hay algo que caracteriza a Cabo Verde es su naturaleza indómita, la cantidad de gente en silla de ruedas que hay y sus locos. Mindelo tiene grandes personajes célebres como Rastadrunk, Limpiaman, don Alcoholatra, el viejo y loco tío Al y la celebridad a la que hoy voy a dedicar estas líneas: el loco de las siete y siete. Todas las mañanas, puntualmente a las siete y siete, nuestro amigo se enfunda los guantes de pianista, ajusta su banqueta y cruje sus dedos. Es la preparación previa para la sinfonía que día tras día toca sobre el telefonillo de nuestro portal. Respira hondo, se concentra y comienza a tocar. 1º izquierda, 2º derecha, 1º derecha, 3º izquierda ¡Oh! ¡Qué gran cambio de registro! 2º izquierda, 2º derecha… y así durante los buenos 5 minutos que dura su conocido Canon de telefonillos en Re Mayor.
Nuestra calle, auditorio del loco de las siete y siete
He llegado a pensar que esto se trata de algún tipo de justicia universal en la cual el universo está devolviéndome todos los timbrazos que he generado en mis noches de fiesta madrileña. Por eso, imagino al loco de las siete y siete como algún tipo de justiciero atemporal que inflige todas las mañanas su penitencia sobre mí. Jamás lo volveré a hacer, lo prometo. Aún no he conseguido retratarle, pero el próximo día estaré preparado para hacerlo. Eso sí, un día le vi y tuve el honor de saludarle. El problema es que no pude decirle nada porque Emilio, nuestro vecino, le estaba echando una bronca de gran calado. Loco de las siete y siete, esta entrada es sólo para ti.
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Publicado el 2010-07-02. Varios.
Este fin de semana he vivido uno de los días más intensos desde que llegué a Mindelo. El sábado por la mañana nos despertamos con el objetivo de explorar las playas de las islas y desconectar un poco de ‘la gran ciudad’ (en sentido literal, por supuesto). Nos levantamos por la mañana, echamos gasolina a nuestro Ford Ecoexplorer (cortesía de Félix) y nos aventuramos por la carretera paralela al ecuador que cruza la isla de San Vicente para devorar ‘kilómetros’ y descubrir las playas de la isla. Antes de salir de la ciudad de Mindelo nos cruzamos en el arcén de la carretera con un surfista (tabla incluida) haciendo autostop. Como nos dirigíamos hacia la playa nos dijimos… ¿por qué no? Así pues, ya éramos cuatro rumbo a la aventura.
Y que viva el surf, oiga
El surfista nos habló de una playa desconocida y paradisiaca a la que se dirigen muchos surferos de la isla así que sin pensárnoslo dos veces seguimos sus indicaciones hasta llegar allí. El camino era realmente difícil incluso en coche, así que no queríamos ni pensar cómo tenía que ser para los surfistas que iban andando… mientras íbamos reflexionando sobre esto nos encontramos en el camino a otros dos surfistas más (de nuevo con sus respectivas tablas a cuestas) a los que amablemente invitamos a subir a nuestro coche de 4 cómodas plazas (apenas es un Ford Fiesta con suspensión alta). Los tres surfistas anónimos, David, Emilio y yo proseguimos durante un rato la marcha hasta alcanzar la deseada playa de Sandy Beach. El viaje había merecido la pena: una playa totalmente desierta, arena fina y blanca, olas enormes y la sensación de encontrarnos en un lugar único fueron los elementos que nos recibieron en nuestro destino. Pasamos allí un rato disfrutando del lugar para retomar al rato la marcha hacia nuevas playas de la isla.
This is Sandy Beach
Terminada la visita a Sandy Beach, tomamos una carretera de nueva construcción que une la población de Calhau con la región de Baia das Gates, al norteste de la isla. Aquí se suele celebrar un festival en agosto de música caboverdiana al que acuden más de 70 mil personas. Aprovechamos nuestro emplazamiento por la zona para localizar un restaurante ‘take away’ para comer. Como no, sufrimos la clásica espera reglamentaria de más de una hora hasta que nos trajeron la comida. Esto es lo que en Europa se entiende por servicio ‘take away’. Con la panza llena, nos dirigimos a una de las playas más espectaculares que he visto en mi vida: Praia Branca. Esta playa, de más de 5 kilómetros, está ubicada entre las poblaciones de Calhau y Baia das Gates, paralela a la nueva carretera que tomamos anteriormente. Se trata de una impresionante playa de arena blanca y fina con viento y olas continuas. Lo mejor de todo, la falta total de gente. ¡Una playa paradisíaca para nosotros solos! Pasamos una tarde genial jugando en el mar y dando patadas a un balón (que no jugando al fútbol). Una vez habíamos terminado en Praia Branca, montamos de nuevo en el coche y seguimos con nuestro día de exploración.
David y yo con 5 km de playa desierta a nuestras espaldas
Para terminar el itinerario, nos dirigimos con el coche hasta el pueblo de Salamanza, un pequeño pueblo pesquero con una población peculiar bastante aislada del resto de la isla. Al pasar con nuestro coche nos miraban con cara de ‘¿qué se les ha perdido a estos aquí?’, pero la mayoría nos saludaban con cara de incrédulos y sonrisas en la cara. En la playa de Salamanza, totalmente inhóspita, nos deleitamos con una espectacular puesta de sol tras las montañas de Mindelo. Momento único de los que quedan grabados en la retina para siempre.
De las mejores puestas de sol que he visto
Después de la puesta de sol, cogimos el coche y volvimos a Mindelo para finalizar el día cenando como señores en nuestro habitual Pont d’agua. Tras la cena, un poco de fiestecita en la discoteca Caravela para cerrar un día único en el que descubrimos parte del corazón de San Vicente y nos sentimos un poquito parte de todo esto. ¡Seguiré informando!
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Publicado el 2010-06-21. Varios.

Como muchos ya sabéis, por motivos de trabajo he sido destinado durante mes y medio a Cabo Verde. Cabo Verde es un país africano consistente en un archipiélago de 14 islas de las cuales 9 están habitadas. Está ubicado al ‘sur’ de las Canarias y al oeste de Senegal. Tenemos el apartamento en la isla de Sao Vicente, ciudad de Mindelo. Sao Vicente es la isla considerada como más cultural y fiestera del país. Tiene una población aproximada de 80.000 habitantes y posee aeropuerto internacional. Nuestra empresa estará realizando un proyecto de gestión para la principal empresa petrolera del país con sede en Mindelo: Enacol.

Llegamos a Cabo Verde el pasado lunes 14 de junio no sin una buena ración de imprevistos, carreras y sudores. En esta primera bajada a Cabo Verde hemos venido David (mi jefe) y yo. Todo comienza en Barajas a las 6:30 de la mañana. Tras pelear con Air Europa y TAP en el aeropuerto conseguimos cuadrar nuestro primer vuelo hasta Lisboa. Por lo visto hubo cambios en los vuelos y por poco nos quedamos en tierra. Tras llegar a Lisboa el problema fue que una vez allí sólo disponíamos de media hora para realizar el cambio de avión hasta el aeropuerto de Praia. Tras salir del avión, un empleado del aeropuerto nos esperaba con las zapatillas puestas para sprintar como una exhalación hasta la puerta de embarque de TACV (Cabo Verde Airlines). Logramos llegar y embarcar con nuestros cuerpos serranos, sin embargo nuestra mayor preocupación una vez dentro del avión eran las maletas, pero un encargado del equipaje nos garantizó que estaban ya dentro del avión. Gran sabiduría la suya, pues las maletas quedaron perdidas en algún lugar del aeropuerto de Lisboa hasta el viernes que pudimos recuperarlas de vuelta.

Esta compañía inspira una gran confianza

Una vez llegamos a Praia, capital del país, tuvimos que afrontar una escala de más de 8 horas en la que teníamos que esperar la salida del siguiente y último vuelo hasta Sao Vicente. Nos encaminamos en un taxi hacia el principal hotel de la isla: Praia Mar. Fue el trayecto de taxi más impactante de mi vida, pues fue mi primer contacto con Cabo Verde y África. Vacas en los caminos de tierra, caboverdianos para arriba y para abajo en sus pickups, millones de perros callejeros…; realmente un cambio muy fuerte frente a Europa. No hay que olvidar que se trata de un país del tercer mundo y que como tal los contrastes dentro del propio país también son muy grandes. Cuando llegamos al hotel Praia Mar nos identificamos como empleados de Enacol y nos recibieron con una sonrisa de oreja a oreja. Es espectacular el poder y el nombre que tiene esta empresa aquí. Tomamos un pequeño tentempié en un mirador frente al mar y a las 20:00 ya estábamos en el aeropuerto para coger nuestro último vuelo a Sao Vicente. En el taxi de camino al aeropuerto, una pobre vaca se interpuso en el camino del coche que nos precedía con resultados fatales para ella. Cosas que pasan en las carreteras de por aquí.

Descansando en el Hotel Praia Grande antes de salir hacia Sao Vicente

El vuelo de Praia hasta Sao Vicente lo realiza una flota de aviones de hélice que realmente funciona muy bien pero que la primera vez que la utilizas no te genera demasiada confianza. Sonido atronador y vibraciones extremas creo que serían las palabras más adecuadas para describir este vuelo de apenas una hora de duración. Una vez llegamos a Sao Vicente, nos dimos cuenta de que nuestras maletas no habían seguido nuestro mismo destino con el consecuente trastorno para nosotros. No importaba. ¡Ya habíamos llegado a nuestro destino! Félix y Emilio nos esperaban puntualmente en el aeropuerto y nos llevaron hasta nuestra ciudad base: Mindelo.

Inestable pero robusto

Mindelo es una población pequeña en la que puedes llegar prácticamente a todos los sitios andando. Hay un pequeño resort en el centro de la ciudad al lado del puerto llamado Pont d’Agua donde podemos comer y cenar sin coste alguno para nosotros (cortesía de Enacol). Es un sitio muy agradable recién estrenado con muy buena comida y mucha tranquilidad. Realmente llama la atención porque frente al resto de la ciudad parece como algo muy “chic” fuera de lugar. Nuestro apartamento está muy bien, no es demasiado grande pero tampoco pequeño. Tiene dos dormitorios, cocina-salón, baño y terraza. Está bien amueblado para poder realizar cualquier actividad hogareña típica. La ubicación del piso es céntrica y estamos a 5 minutos de las oficinas, de Pont d’Agua o de la Plaza Nova (centro de reunión típico de Mindelo). Es curiosa la fuerza con la que los comercios chinos han aterrizado en Cabo Verde. Raro es ver alguna calle sin varias de estas tiendas donde podremos encontrar todo tipo de productos de baja calidad y dudoso origen a precios muy competitivos.

En Pont d’Agua relajadito

Creo que voy a ir cerrando esta primera entrada relativa al viaje. Iré publicando futuros artículos con muchos temas de los que es necesario que alguien escriba para darlos a conocer. Ya estamos asentados aquí y las cosas relativas al trabajo que hemos venido a hacer ya están en marcha por lo que ahora es turno de trabajar duro y aprovechar la experiencia que se me ha brindado la oportunidad de vivir aquí. Lo que está claro es que Cabo Verde marcará un antes y un después en mi vida y será algo que siempre recordaré. Enacol confía en nosotros y no le defraudaremos.

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Publicado el 2010-04-11. Varios.

El pasado lunes 5 de abril regresamos de nuestras vacaciones de Semana Santa. El destino elegido fue Barcelona y Lérida. Ha sido un viaje que resumiría en tres palabras principalmente: comer, beber y dormir. Ha sido la primera vez en mi vida que en un único día he conseguido dormir tres siestas (antes de comer, después de comer y después de la siesta de después de comer).

Moro, Álex y Pablo en la playa de la Barceloneta
El miércoles 31 Sandra, Eva, Javi, Pablo y yo cargamos nuestras maletas en el super Renault Laguna y partimos rumbo a Cataluña. La primera parte del viaje consistía en visitar Barcelona a modo de guiri. Pasamos dos noches en un céntrico hotel cercano a la Plaza de Toros y visitamos prácticamente la totalidad de monumentos principales que tiene la ciudad. Debo destacar que la Sagrada Familia no me pareció tan increíble como la describen. Lo siento. Sin embargo, la zona de las Ramblas / plaza de Cataluña me gustó mucho y tenía ambiente a cualquier hora del día. El parque Güell también es espectacular, pero creo que debido a las fechas estaba totalmente masificado de gente.
Moro, Sandra, Pablo y yo en el parque Güell
Tras nuestra estancia en Barcelona, llegaba el turno de la acción. El viernes 2 salimos rumbo al pueblo de Altrón, Lérida, donde nos esperaba Xavi Canut. Xavi es el director del Hotel Roch (enlace ), lugar donde nos alojamos durante 3 noches. Desde aquí aprovecho para mandarle un saludo y recomiendo a todo el mundo que vaya a visitar la zona que contacte con él pues se encargará de gestionar tanto la estancia como las actividades. En su hotel gozamos de las mejores recetas culinarias donde nuestro apetito logró ser saciado: Escudella, ensaladas varias, codorniz, ternera asada… y un sinfín de platos exquisitos. Destaco como postre el Filiberto, una maravilla con helado, queso y grosella.
Todos con Xavi
El objetivo de nuestra visita a Altrón fue para realizar en el cercano pueblo de Llavorsí barranquismo y rafting. El sábado 3, armados con un casco, un traje de neopreno y un par de agallas seguimos a nuestros monitores Luis y Xina a través del barranco del Resbalón. Era la primera vez que realizaba la actividad y me encantó. Consistió en una caminata de media hora aproximadamente hasta llegar a la zona de entrada del barranco. Una vez allí, empezamos a seguir el curso del río (cercano a los 5º de temperatura) en su bajada por la montaña. Cuando nos encontrábamos con un desnivel elevado, realizábamos un descenso en rápel. Si la roca lo permitía, nos deslizábamos como si de un tobogán se tratara. Una experiencia única y totalmente recomendable a todo el mundo. Eso sí, el frío que pasé difícilmente llegaré algún día a olvidarlo.
Pablo, Moro, Eva, Sandra y yo triunfales
El domingo 4 tocaba descenso en rafting por el río Noguera Pallarés. Casualidades de la vida, es la 3ª vez que practico la actividad y las 3 veces ha sido en este río. Esta vez el recorrido que realizamos fue el largo (en torno a 14 km) llegando a surcar hasta 4 tramos de rápidos. Es una actividad muy divertida estupenda para descargar adrenalina. Durante el recorrido, un grupo de fotógrafos iba realizando fotos de los intrépidos que decidían bajar el río en barcas de goma con el agua a menos de 5 grados. El resultado es el siguiente:
¡Al abordaje!
Finalmente y en contra de nuestra voluntad el lunes 5 tocaba el regreso a nuestras casas para continuar con nuestras vidas reales. Se acababan las comidas, las super-siestas y las actividades. Aún así, siempre quedará en nuestra memoria lo bien que lo pasamos y el recuerdo de ese agua fría y sin escrúpulos que recorría cada milímetro de nuestros trajes de neopreno para contagiar su temperatura gélida a cada célula de nuestro organismo.
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